
Trate el lector de pensar como explicaría un
concepto matemático cualquiera, a una persona que no conoce dicho concepto. Verá que para
hacerlo necesita representarlo de algún modo. Debe de usar cierto soporte que
lo ejemplifique, lo encarne, lo nombre, lo concretice, lo haga participe de él,…sencillamente,
repitámoslo, debe usar algo que
lo represente.
Es del todo imposible entender el aprendizaje de las matemáticas sin la noción de representación. Por la existencoa de lo matematico o tal vez creando así lo matemático hacemos o creemos hacer representaciones.
Presentaré la noción de representación de un modo arriesgado. No me voy a preocupar en exceso sobre cuestiones ontológicas previas acerca de que entiendo por
objeto matemático. Y lo hago porque creo que sea lo que sea lo que entendemos por objeto matematico, o el punto de vista filosofico de las matemática que adoptemos, el concepto de representación en un sentido fuerte o débil es inevitable.
¿Qué entender por representación de una
objeto matemático, desde un punto de vista Peirciano?
Un buen modo de empezar es considerar lo que
establece A. Ibarra (Variedades de la representación
en la ciencia y la filosofía):
«Una
teoría representacionalista incorpora la asunción mínima de que conocemos algo
(A), a través del análisis de otra cosa (B), a la que por cualquier razón, o
bien podemos acceder más fácilmente, o nos resulta más conveniente explotar»
Es este el sentido general de representación que podemos establecer tambien
a partir de Peirce, tal como comenta Deladalle (Leer a Peirce hoy pág. 93):
Para Peirce el signo es una representación en
el sentido de “función de delegación”.
O en palabras del propio Peirce:
Una representación es un
objeto que está por otro de manera que la experiencia del primero nos
proporciona un conocimiento del segundo.
O como Peirce establece en su
definición famosa de signo (CP 2288)
Un signo, o representamen,
es algo que está para alguien, por algo, en algún aspecto o capacidad. Se
dirige a alguien, o sea, crea en la mente de esa persona un signo equivalente,
o tal vez un signo más desarrollado. A este signo, que aquel crea, lo denomino
el interpretante del primer signo. El signo está por algo, su objeto. Pero éste
está por tal objeto no en todos los aspectos, sino respecto a un tipo de idea
que algunas veces he llamado el fundamento (ground) del representamen.
Es decir para que algo se considere una representación se deben establecer tres condiciones esenciales:
- Debe serlo de
algo.
- Debe transmitir
algo sobre la cosa que trata.
- Debe ser capaz
de conducir a algo más. Algo sobre lo que la cosa trata.
Dicho de otro modo, podemos usar algo como signo o representación de un objeto, con el propósito de tratar tal objeto,
de interpretarlo y poder establecer relaciones con él desde nuestro acervo semiótico. Toda una «artillería» de representaciones que consideramos asociadas a un cierto objeto matemático, y que tratadas conjuntamente, permiten generar o ver el significado de tal objeto.
Desde este sentido general de delegación,
vicariedad o subrogación que otorgamos a
una entidad B para conocer otra entidad A, me permitiré hablar de B como entidad subrogatoria asociada a A. Con
ello quiero especificar que las representaciones que utilizamos con fines de
conocimiento matemático, las entiendo como subrogación. Más concretamente y siguiendo
también a A. Ibarra:
- No vinculadas a
un cierto isomorfismo entre lo representado y lo que se representa.
- Las representaciones no son
evidentes, no "hablan por si mismas", necesitan ser
interpretadas
- Una buena parte de la práctica consiste en interpretar y reinterpretar representaciones.
- Debe considerarse diversos tipos de representaciones de representaciones. Es decir, una teoría puede concebirse como una teoría reflexiva combinatoria de las representaciones.
- El objetivo básico de las representaciones es el razonamiento subrogatorio.
- Este razonamiento permite transferir inferencias y resultados obtenidos en el dominio representante a propiedades y relaciones identificadas en el dominio representado.
- El razonamiento subrogatorio
permite explotar el rendimiento de las teorías identificables en el
dominio representante aplicándolas al dominio representado.
Todo ello lo expresamos mediante la expresión «A es B». B es la entidad más conocida y en
ella con propósitos didácticos hacemos descansar cierto papel subrogatorio de conocimiento, en relación a la entidad A, (desconocida
para el principiante y «anclada» en el
mundo del saber matemático). Además, usualmente la entidad subrogatoria supone también
todo un conjunto de acciones y procesos contextualizados para que pueda desarrollarse
la relación vicarial hacia el objeto matemático.
Podemos establecer la subrogación de B sobra A de diversos modos. Metáforas, analogías, diagramas, imágenes, contextos… posibles y utilizados modos para decir, explicita o implícitamente, que el objeto matemáticos A es B en cierto sentido; y tienen, usando terminología Wittgensteniana, un aire de familia en tanto se les hace desempeñar algún tipo de subrogación con los objetos matemáticos.